Desde que era muy joven y alguna vez pensé que me casaría, le pedí a Hashem dos hijas; y así fue.
Fui afortunada siendo hija de una gran mujer a quien consideré mi mejor amiga.
Cuando mi madre partió de este mundo, (Bendita Sea Su Memoria) descubrí que tenía dos mejores amigas: Mis hijas.
Los que me aman consideran que soy fuerte y he obtenido grandes logros, pero sin la ayuda de Hakadosh Baru’ Hu soy nada y gracias a su misericordia mis hijas motivan mi existencia y junto con mi esposo me impulsan a ser mejor mujer.
Mis Hijas se llevan diez años de diferencia y siempre me acompañaron en mis emprendimientos.
Ustedes conocen a Kathryn, porque es la creadora de esta página y mi Nutrióloga de cabecera. Siendo mi hija mayor, vivió junto a mi muchas experiencias. Desde los 4 años de edad, ella me acompañaba al Canal de Televisión donde fui Productora y así como a cada clase y ensayo teatral o musical. Tal vez por eso tiene su propio canal de Youtube y maneja esto de las redes con tanta naturalidad y profesionalismo; además de tocar varios instrumentos y ejercer su profesión. Sí, sigue mis pasos, pero en versión mejorada y aumentada; ya que ella estudió y se especializó en otras áreas, lo que enriquecen los contenidos que comparte.
No menciono el nombre de mi hija menor porque, a diferencia de su hermana, y por el momento, no se involucra en las redes sociales. Aunque ya nos ayudó con la cámara 🎥 en tres ocasiones y es la encargada de recortar y doblar las peticiones que llevamos al Kotel. Toda la familia deseamos que comparta sus talentos musicales y sus muchos conocimientos de Judaísmo en nuestra página Netzaj Israel muy pronto בייה; usando ese gran talento para comunicar que la han convertido en una verdadera maestra, innata. Sin contar su hermosa voz de soprano y su habilidad lírica para componer.
Mis dos hijas obtuvieron menciones y reconocimientos academicos durante 2020-2021, a pesar de la pandemia; aunque es importante mencionar que para sus padres siempre ha sido relevante aclarar que nos importa más que sean felices y hagan lo que les gusta para servir con sus talentos al Creador, que cualquier reconocimiento por sus excelentes calificaciones o grandes habilidades.
Mis dos mejores amigas, «me vigilan» y con amor viven observando mi entorno, se preocupan por que duerma, coma y haga ejercicio; así como de mi vida emocional y espiritual. Sí, sé que yo soy quien debe cumplir ese rol y créanme que lo hago, pero es muy lindo cómo tomamos turnos en nuestra relación. Ellas hacen conmigo lo que yo con ellas. Es como mi tiempo de cosecha, sin dejar de seguir sembrando como madre agradecida por estos regalos que llegaron directamente de la mano de mi Creador.
Mis hijas me sorprenden con su carácter y fuerza para enfrentar retos. Nada las detiene y yo siempre estoy para elevar plegarias y darles algún consejo si lo solicitan. Me reflejo en ellas, aún y cuando brote su fuerte temperamento o su alma bondadosa, guardo silencio y jamás las comparo.
Pensar positivo, estudiar la Torá y recitar Tehilim es un ejercicio que practicamos juntas a pesar de que no estemos en la misma casa o ubicación geográfica.
Kathryn no vive en Israel y contrajo matrimonio, lo que la mantiene muy ocupada, pero בייה, por Internet estamos en continua comunicación, sin contar que existe una gran conexiónespiritualentre nosotras; mientras que su hermana menor vive en Israel y a pesar de esos diez años entre ellas, coinciden en eventos y logros en forma exitosa en la misma fecha, yo me las ingenio para estar presente apoyándolas y elevando plegarias por ellas.
Me siento feliz de los logros de mis dos hijas, pero todo lo que menciono, aunque es bueno, no tendría valor si no cumplo la labor de la madre tan recordada en Salmos, rezos, canciones y fragmentos talmúdicos.
Cada viernes, al comenzar el Shabat, llega el momento en que los padres tenemos la grandiosa oportunidad de bendecir en nuestro caso, a nuestras hijas, esta es una tradición milenaria judía de generación en generación, en un intenso momento familiar espiritual. Colocamos nuestras manos por encima de la cabeza de ellas, recitando la siguiente brajá (bendición):
Iesimej Elohim keSara, Rivkah, Rajel Ve’Leah. Quiera D´s bendecirte como a Sara, Rivka, Rajel y Lea.
Conjuntamente: Ievarejeja Adonai veishmereja, Iaer Adonai pana veleja vijuneka. Isa Adonai panav eleja veiasem leja shalom. Que D´s te bendiga y te proteja, que resplandezca su rostro hacia ti y te de gracia, que vuelva su rostro hacia ti y te conceda la paz.
Cuando mis hijas no están juntas (forma presencial), antes de prender velas hacemos video llamada y reciben su bendición. Aunque Alexander pronuncia el nombre de la que no está presente durante la bendición cada viernes.
Siento tremenda responsabilidad al ser pronunciada la bendición de ser bendecida como a Sara, la esposa de Abraham, quien por su fortaleza aguantó durante años la imposibilidad de tener un hijo y la humillación de que Hagar, la otra esposa de Abraham habitara en su propia casa. Las lágrimas que derramó le dieron una fuerza tan impresionante que pocas mujeres han alcanzado en esta Tierra. Esa fortaleza es la que pido para mis hijas y es la que atravesando desiertos ellas pueden reflejar.
Rebeca es la segunda que se menciona mientras mis hijas son bendecidas. De ella quiero reconocer su juicio y su visión. Ella representa la lucha eterna entre el bien y mal, entre Israel y las naciones, entre lo falso y lo verdadero. En su vientre tuvo a Esaú (el malvado más grande de la Torá) y al mismo tiempo cargo con Yaakov (el sabio más grande de la Torá). En su vientre luchaban entre sí por salir. Rebeca tuvo la sabiduría y la visión de guiar a Yaakov sobre Esaú para que la línea de Isaac no se perdiera. Pudo ver francamente quiénes eran sus hijos, y pese al dolor que trajo para sí, pudo guiar a Yaakov a escoger el camino correcto. Esa determinación que tuvo Rebeca para saber enfrentarse ante el bien y el mal, siendo el biensu decisión en todo momento, lo que yo deseo transmitir día a día a mis hijas.
Las hermanas Raquel y Lea son las siguientes en esta bendición.
Raquel, es la imagen materna del pueblo judío (11 de Jeshván, ha sido establecido como el Día de la Madre Judía.) Considerada como la verdadera esposa de Yaakov, su tumba no está en Hebrón junto con los demás patriarcas y matriarcas. Fue la madre de Yosef, después de haber sido estéril durante muchos años. Raquel personifica el clamor por el regreso espiritual y físico de todos los judíos. Raquel es la que se niega a ser consolada hasta que se realice la recolección de sus hijos (Jeremías 31:14).
Lea, se caracterizó por su humildad y su abnegación. Sufrió toda su vida para estar al lado de su esposo. Sin embargo, en ningún momento se separó de él y en ningún momento dejo de agradecer al Creador. De la descendencia de Lea nace la casta real judía. Sus hijos aprendieron lo que es sacrificarse por el bienestar del pueblo, a dejar de lado los motivos personales para hacer en todo momento la voluntad de Hashem.
Es común que a las niñas les llamemos «princesas», pero yo crié a dos reinas. Ruego que como la descendencia de Lea, mis hijas sepan anular su personalidad para convertirse en humildes siervas reales que, sin perder dignidad, vivan para servir a El Eterno.
No he impuesto como una obligación la observancia del judaismo a mis hijas; pero mi vida es una carta abierta que en práctica expresa mi amor a El Creador del universo, así es mi deseo de contagiar con ejemplo y obra, para que mis hechos hablen más que mis palabras y que Su Gracia y Misericordia alcancen a Mis dos mejores amigas.
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